MAPA CONCEPTUAL



ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN
2. EVOLUCIÓN DE LA CIUDAD
2.1. Hasta el siglo XVIII
2.2. El proceso de urbanización (siglos XIX y primera mitad del XX)
2.3 La ciudad actual
3. EL SISTEMA URBANO DE CIUDADES
3.1. Características
3.2. Sistemas de ciudades
3.3. Jerarquía urbana
3.4. Áreas metropolitanas
4. LAS FUNCIONES DE LAS CIUDADES
5. SOCIEDAD Y CULTURA URBANA
6. PROBLEMAS DE LAS CIUDADES


INTRODUCCIÓN
La Geografía Urbana es la parte de esta disciplina que se ocupa de estudiar la ciudad: el poblamiento urbano, la morfología de la ciudad (el plano, la construcción, los usos del suelo), la ordenación de su territorio, sus funciones, la influencia que ejerce sobre el entorno y los problemas que plantea vivir en ella, tanto a nivel medioambiental como en cuanto a equipamiento, infraestructuras y relaciones sociales.
Pese a todo esto, no es posible señalar de forma clara qué es lo -urbano- . Generalmente, se define como oposición a lo rural, atendiendo al tamaño de los asentamientos, a su mayor concentración de población, al predominio de las actividades del sector secundario y terciario sobre las agrarias, y a la gran segregación social de sus habitantes, que contrasta con el fuerte peso de la tradición existente en los núcleos rurales.
En el comportamiento urbano las relaciones sociales se caracterizan por unas normas de conducta difíciles de generalizar, unos lazos de relación en los que predomina el anonimato, el individualismo, el espíritu funcional y la división del trabajo existente entre sus habitantes.


PLANOS URBANOS
La Carolina
La Carolina
Palmanova
Palmanova



















Toledo
Toledo
Arturo Soria
Arturo Soria


















EVOLUCIÓN DE LACIUDAD


Ciudad prerromana
Existen pocos vestigios de las ciudades prerromanas españolas. Las primeras ciudades se fundaron cerca de las costas mediterráneas por los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses, como, por ejemplo, Cádiz o Adra. El rasgo característico de estas ciudades era la falta de orden en su organización.



La ciudad romana

La expansión del imperio llevó a los romanos a la fundación de ciudades, que mantuvieron una serie de características comunes. El trazado de las ciudades romanas se basaba en la existencia de dos grandes vías, una que iba de norte a sur, llamada cardo, y otra que iba de este a oeste, el decumanus. En el cruce de estas dos vías se localizaba el foro, que era el centro de la vida en la ciudad. Cerca de él se emplazaban los principales edificios, como el anfiteatro, las termas y las casas de las principales familias. El resto de las calles se trazaba constituyendo un plano ortogonal. La necesidad de defenderse propició la construcción de murallas que cerraban todo el perímetro de la ciudad.

Hispania era una de las provincias más romanizadas. Era un importante centro comercial y militar dentro del imperio, por lo que los romanos consolidaron una amplia red urbana con ciudades que se comunicaban mediante calzadas. En la actualidad, se pueden contemplar restos del pasado romano en muchas ciudades españolas, entre las que destacan Mérida, Tarragona, Barcelona, León, Cartagena, Pamplona, Lugo, Sevilla, Cáceres, Astorga y Zaragoza.


Emérita Augusta
Emérita Augusta


La ciudad medieval

En general, la ciudad medieval tiene un plano irregular, desordenado y no planificado con calles estrechas que se aglutinan en tomo a un templo del que parten en forma radial y se extienden hacia el recinto fortificado. Sin embargo pese a esta planimetría desordenada existían ya barrios diferenciados, espacialmente, según las actividades económicas realizadas por sus habitantes, agrupados en gremios (por ejemplo la Plateríao la Trapería en Murcia).
En el mundo musulmán, de larga presencia en España, las ciudades utilizan el plano irregular de callejuelas empinadas, algunas sin salida (adarves o callejones ciegos) debido a la importante consideración de la vida privada que convierte a la casa en lugar de vida y de reunión frente a la calle.

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El Renacimiento (XV-XVI)

Con el desarrollo del humanismo se intentarán potenciar diversos aspectos del mundo clásico, sobre todo el urbanismo, volviendo los ojos a los tratadistas romanos como Vitruvio. -De esta manera, sobre los recintos medievales se ordenan plazas y edificios con gran equilibrio de proporciones y con una importante preocupación por la perspectiva y los ejes visuales. En este contexto hay que enmarcar la búsqueda de la ciudad ideal concebida en función de la vida de los individuos y su participación e integración en el hábitat circundante.

En España las reformas urbanísticas de los siglos XV y XVI se manifiestan en el desarrollo de las plazas mayorcs, que si bien en un principio tuvieron un plano irregular, fueron adaptando progresivamente su diseño hacia el cuadrángulo (Valladolid, Madrid, Salamanca, Toledo....).




El Barroco (XVI-XVII)
Continúan las reformas urbanas tendentes a ensalzar el poder de la Iglesia y del Estado como símbolo de las nuevas monarquías católicas y absolutistas. Se persigue ahora el efecto de la teatralidad, de sorpresa y de "impacto" sobre los súbditos, y de esta manera utilizan- grandes- avenidas, plazas elípticas, conjuntos arquitectónicos-palaciegos que cambian la fisonomía de la mayor parte de las ciudades europeas.
En España el poder absolutista de los monarcas borbónicos del siglo XVIII se refleja en un cambio de los planteamientos urbanos: nuevos edificios públicos (teatros, escuelas, museos); paseos ajardinados (El Prado de Madrid, el Espolón de Burgos), sin olvidar la presencia de un palacio monumental al cual se dirigen siempre las principales vías de acceso (la Granja en Segovia, Aranjuez en Madrid). Todo ello se relaciona con la filosofía del despotismo ilustrado cuyo lema "todo para el pueblo pero sin el pueblo" aludía a la necesidad de reformas sociales sin mermar el absolutismo político.


La ciudad en el siglo XIX y primera mitad del XX

En el siglo XIX y el comienzo del XX convergieron en las ciudades españolas dos realidades urbanas diferentes: por un lado hubo barrios planificados, fundamentalmente habitados por burgueses y clases medias; y por otro, barrios que crecieron desordenadamente, los suburbios marginales obreros. Cataluña, el País Vasco y Madrid fueron los principales centros de industrialización y de población.
Esta ciudad industrial es fruto de una serie de transformaciones históricas:
1).-El aumento generalizado de la población. Entre 1750 y 1950 el descenso de las tasas de mortalidad, la mayor higiene y las mejoras en la alimentación permitieron que la humanidad se triplicara. Además, este crecimiento de la población mundial ha ido acompañado por procesos migratorios que implican una afluencia de población desde zonas rurales a zonas urbanas.
A fines del siglo XVIII sólo tres de cada diez personas vivían en ciudades y menos del 1% de la población mundial lo hacía en núcleos de más de 100.000 habitantes (en la década de 1870 casi la cuarta parte de la humanidad vivía en ciudades de ese tamaño).
La redistribución de la población desde las zonas rurales a las urbanas fue más numerosa en los países industrializados. En realidad, el proceso de urbanización actual comenzó en el Reino Unido en 1900, cuando su población urbana superó en número a la rural. Este proceso se extendió por Europa y se amplió al resto del mundo tras la Segunda Guerra Mundial.
2).-La nueva organización del trabajo: la construcción de fábricas cerca de las fuentes de energía obliga a la población a distribuirse en puntos concretos. En este Sentido, el transpone desempeña un importante papel en los desplazamientos interiores. Los transpones consumen gran parte del suelo y confieren una nueva fisonomía a la ciudad. Desde los primeros tranvías tirados por mulas (Madrid 1871) se evoluciona hacía los eléctricos (1899), como el Metro, que permitió transportar gran número de personas con mucha rapidez, y el autobús. Todo ello trae como consecuencia la presencia constante de vías de comunicación que confieren a la estructura urbana un carácter más dinámico.
3).-La separación funcional de los habitantes de la ciudad, con el contraste de los nuevos barrios burgueses y las zonas obreras.
Una de las iniciativas más destacadas fue la Ciudad lineal de Arturo Soria (1844-1920). Preocupado por los problemas del tráfico en Madrid, preconizó la ampliación de las calles principales de la capital y el establecimiento de líneas de transpone comunitario elevadas o subterráneas. En el proyecto inicial, sólo estaba permitido edificar el 50% del total de la parcela con la idea de que cada familia tuviera una casa, una huerta y un jardín, aunando lo mejor de la ciudad y del campo, ya que sólo distaba diez minutos de tranvía del centro. El eje principal de la ciudad lineal era una calle con los servicios básicos de agua, electricidad. etc., recorrida por un tranvía en cuyas estaciones se localizarían centros comunitarios, servicios y comercios públicos.
Este plano no pudo llevarse a cabo más que en cinco kilómetros que ocupan hoy la calle de Arturo Soria en Madrid pero tuvo una gran influencia posterior en el plan de extensión de San Petesburgo en 1930 o en los planteamientos constructivos de arquitectos racionalistas como Le Corbusier.
En esta misma línea podemos citar el modelo de ciudad-jardín- ideada por E. Howard en 1898, describiéndola como un agrupamiento urbano compacto en el cual se engloban diferentes usos del suelo: un núcleo central con zonas cívicas y comerciales, rodeado por un cordón residencial y los polígonos industriales. la ciudad ocupa unas 400 hectáreas y está rodeada por un cinturón verde de unas 2.000 hectáreas, que desempeña la función de recreo y purificación ambiental e impide la expansión urbana más allá del perímetro diseñado. Fruto de estas teorías son la ciudades jardín construidas fuera de los recintos urbanos de urbes españolas como Vitoria, Barcelona o Almería.
4).-La necesidad de derribo de murallas y cercas para ampliar la ciudad. Son los llamados "ensanches". Conocemos como ensanches los planteamientos urbanísticos realizados fuera del casco antiguo de las ciudades, debido a la falta de suelo urbanizable ante la demanda de vivienda por parte de la burguesía y las clases trabajadoras.
Los ensanches (el más famoso es el ensanche de Barcelona de Idelfonso Cerdá ) suponen la eliminación de cercas y murallas (Burgos 1831, Madrid 1868, Cartagena 1868) y surgen de la preocupación por el -problema de la vivienda y la circulación, generalizándose los bloques de vivienda y las manzanas abiertas y ajardinadas que se cierran posteriormente, dejando patios interiores.
Con estos ensanches se pretende mejorar la calidad de vida: servicios urbanos y zonas verdes, avenidas arboladas peatonales (bulevares). En su trazado se reconoce la presencia de un plano en damero con calles ortogonales delimitando manzanas, cuya monotonía se rompe por el trazado de avenidas oblicuas (la Diagonal de Barcelona) y edificios achaflanados para permitir mayor visibilidad al tráfico, formándose así múltiples plazuelas.
La consecuencia más inmediata de los ensanches es el desarrollo de una legislación que recogerá los deseos de mejora de las clases trabajadoras y las aspiraciones de la burguesía por conservar sus por conservar sus privilegios, y regularizará ensan­ches (Ley de Ensanches de España, 1892)
y futu­ras planificaciones que tendrán lugar ya en la segunda mitad del nuestro siglo.
Los distritos del centro se rehabilitan y embellecen, pero algunos se degradan. Los obreros viven en casas sin las condiciones mínimas de higiene. La Ley de Casas Baratas pretendía solucionar el problema con la construcción de casas en los suburbios que tuvieran las condiciones mínimas de habitabilidad. La Guerra Civil dio al traste con el proyecto.
Ensanche (Barcelona)
Ensanche (Barcelona)

Los ensanches. Fueron un modelo de planificación burguesa de segregación social y funcional del espacio de la ciudad. Por medio de un trazado de las calles, con un plano ortogonal, se consiguió un mayor aprovechamiento del suelo, ya que permitía la construcción de grandes manzanas de viviendas en cuya parte baja se localizaban los comercios. Las industrias y los usos terciarios también tenían especificada su localización.
Los proyectos de Cerdà en Barcelona y de Castro en Madrid fueron los de mayor envergadura, pero también se llevaron a cabo planos de este tipo desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX en ciudades como Zaragoza, Bilbao o Pamplona.

La apertura de grandes vías de comunicación. Se abrieron grandes vías que permitieran una mayor fluidez; como la Vía Layetana en Barcelona, la Gran Vía en Madrid y la calle de Alfonso I en Zaragoza.
· Las ciudades-jardín. La idea de acercar «el campo» a la ciudad no suscitó en España tanto interés como en los países europeos, salvo algunos casos como el del urbanista Arturo Soria y su Ciudad Lineal de Madrid. La burguesía era reacia a abandonar la ciudad por lo que la idea derivó en los llamados «barrios-jardín» dentro de la propia ciudad, que supusieron la aparición de pequeños barrios de viviendas unifamiliares de alta calidad, en espacios de baja densidad de población que concentraron a los grupos sociales de mayor renta. Surgieron así Pedralbes o Bonanova en Barcelona, El Viso en Madrid, el barrio de Neguri en Bilbao, entre otros.

Ciudad Jardín (Zaragoza)
Ciudad Jardín (Zaragoza)

Los suburbios marginales
Al tiempo que crecía la preocupación por la planificación urbana se desarrolló un proceso de crecimiento de barrios marginales y de autoconstrucción de forma desordenada.
La llegada masiva de población para trabajar en las industrias concentró a la mayor parte de los emigrantes en suburbios marginales, que se diferenciaban de los espacios planificados por la existencia de grandes bloques de viviendas, la carencia de los servicios más básicos -como agua corriente, electricidad o alcantarillado- y la falta de jardines e infraestructuras de comunicaciones.
Además, el crecimiento urbano se extendió hacia municipios más próximos a las grandes ciudades, invadiendo zonas rurales y propició la aparición de los arrabales. En estos nuevos barrios la población con menos recursos que no podía acceder a una vivienda se dedicó a construir chabolas sobre suelo rústico, junto a las fábricas y almacenes. Muy pronto las ciudades industriales españolas se vieron salpicadas por numerosos polígonos chabolistas o con viviendas de muy baja calidad. Estos arrabales fueron asimilados poco a poco por la ciudad central, y los municipios limítrofes. Es el caso de Vallecas, Carabanchel y Fuencarral en Madrid, o Poble Nou en Barcelona.

Barcelona en el XIX
Barcelona en el XIX


La ciudad industrial hasta 1970
A lo largo del siglo XX se produjeron tres fenómenos que consolidaron a las ciudades como los espacios más dinámicos: un fuerte crecimiento demográfico, un crecimiento de la industrialización y un gran desarrollo urbano.
Durante los años sesenta del siglo XX se produjo un masivo éxodo rural. Algunas ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia y algunas capitales de provincia comenzaron un rápido crecimiento que repercutió sobre la morfología y la estructura urbana.
Ante la necesidad de viviendas y la falta de espacio, se produjo una elevación de las alturas en las construcciones, se ocuparon terrenos rústicos con usos urbanos y crecieron los poblados marginales.
Esta masificación y la falta de planificación llevaron a la intervención del Estado, que puso en marcha la construcción de polígonos de viviendas de protección oficial, concretadas en los llamados poblados dirigidos, poblados mínimos y poblados de absorción, de carácter temporal, pero que en la realidad se mantuvieron en pie más de veinte años.
Otro de los fenómenos destacados de este período fue la aparición de las ciudades-dormitorio, que se localizaron en municipios próximos a las grandes ciudades, donde, debido a la menor demanda, la vivienda era más barata. Actualmente, estas ciudades-dormitorio forman parte del área metropolitana junto a la ciudad central.


El sistema urbano de ciudades








Problemas de las ciudades
Contaminación atmosférica
Está generada por la lluvia ácida procedente del consumo de energía y por algunos procesos industriales. Todo ello repercute negativamente en el hombre (enfermedades pulmonares y alérgicas) en las zonas verdes y en los monumentos artísticos (mal de la piedra), sin contar las consecuencias a nivel planetario, como el calentamiento global y la disminución de la capa de ozono.
Contaminación acústica
Se produce, principalmente, por el tráfico rodado. Está llegando a tales dimensiones que muchos edificios cercanos a las vías principales de comunicación emplean en su construcción materiales aislantes que no permiten la intromisión de ruidos externos. En algunos lugares es tan problemático el tráfico rodado que ha obligado a las autoridades a tomar medidas extraordinarias. Por ejemplo, en Roma, París o Singapur se han llegado a pagar por circular en horas punta, o se ha prohibido la circulación de vehículos privados algunos domingos.
Contaminación de las aguas
En las ciudades grandes, los residuos industriales van a parar a cloacas que vierten sus aguas en los ríos, degenerando los ecosistemas circundantes. Las aguas residuales se evacuan por medio de alcantarillados que conectan con los grandes colectores que conducen los residuos a zonas alejadas de la ciudad. Dependiendo de la magnitud del problema, las autoridades pueden iniciar procesos de tratamiento de aguas residuales en centrales depuradoras de elevado coste, lo cual hace que en muchos casos no pueda llevarse a la práctica.
Contaminación del suelo por residuos sólidos
Los vertederos van a parar toda clase de residuos, contaminando el suelo y creando dificultades por la falta de espacio. De ahí que sea necesario extender la mentalidad ecológica para el reciclado de los residuos sólidos. Los ayuntamientos y las corporaciones locales han instalado en distintos núcleos de población contenedores para papel y vidrio, para ropa usada (colaborando así con las ONG), de pilas y para los botes de refrescos envases de plástico y de cartón y retales, todos encaminados a conseguir la plena concienciación de los grupos sociales ante el problema de los desechos y poder recuperar parte de estos residuos sólidos, para la industria del reciclaje.
En 1995 Madrid producía un total de 2.600 toneladas de basura, lo cual supone un gasto en vertederos e incineradoras (caso de Valdemingómez), con el consiguiente rechazo de los vecinos próximos a estas zonas.
Como dato significativo podemos decir que en España sólo se reutiliza el 31% del vidrio, mientras que en Holanda se recicla el 76%. Otras veces, cuando el vertedero está saturado o se abandona la zona que ocupaba, se puede recuperar mediante obras de rellenado, dando lugar al nacimiento de núcleos de población (Rivas Vaciamadrid), o a zonas recreativas o de ocio, como la laguna del Campillo, en Arganda (Madrid).

Problemas sociales
En las grandes ciudades, debido al gran número de habitantes, suelen producirse problemas sociales tales como: la segregación social en grupos diferentes atendiendo a criterios económicos, raciales y políticos. Todo ello genera fuertes contrastes entre las zonas de alto nivel y los barrios de infraviviendas o polígonos de viviendas sociales, que aparecen carentes de los servicios de sanidad y educación. No es de extrañar que la violencia, las drogas, la delincuencia arraiguen en estos grupos sociales y deterioren la vida en la ciudad y las relaciones entre sus habitantes.
Escasez de espacios verdes
En determinadas zonas urbanas, generalmente del centro, se hace necesaria por parte de los poderes públicos la aplicación de programas de rehabilitación encaminados a conseguir la actualización y la adecuación de los sectores más antiguos de la ciudad a la dinámica urbana (tráfico rodado, transporte público, dotación de viviendas) y una mejora de la calidad de vida de sus habitantes. A veces se opta por transformarlos en vías peatonales (Plaza de Oriente en Madrid) o, simplemente, se procede a la inserción de zonas verdes, espacios destinados al ocio y zonas recreativas, frecuentes en el área metropolitana de las principales ciudades españolas.
Los peligros de epidemia
El proceso que lleva al desastre se puede apreciar en el cubo de la basura que tras dos o tres días, producirá un olor que penetra en cada rincón de la casa. Produciéndose un líquido lixiviado que por sí sólo no contamina, pero unido con materiales como pilas, plaguicidas, pinturas o abrasivos de limpieza a los que ataca, corroe o disuelve, causa accidentes de magnitud incontrolables. Si se suman a un cubo otros 1.000 millones de cubos, nace un vertedero tan grande como el que atormenta a A Coruña: un millón de toneladas que avanzan hacia el mar, o lo que es lo mismo: un muro de un metro de ancho por otro de largo que iría desde Madrid a Roma (2.000 kilómetros de mierda.)